El Hostal Restaurante “El Castillo” cumple 50 años Bodas de oro con la hostelería |
| Elvira Navarro fundó junto a su esposo en 1960 el establecimiento que todavía dirige Pocos hubieran
apostado hace medio siglo que un pequeño hostal, con parada y
fonda, situado en el kilómetro 46 de la carretera de Soria, a
las afueras de lo que era entonces el casco urbano de Jadraque sería
sinónimo de éxito. Hablar del Hostal – Restaurante “El
Castillo” es hacerlo de Jadraque; referirse al “cabrito jadraqueño”
es resumir la esencia de la gastronomía local que conserva el
sabor tradicional, el buen hacer que prodigan los hosteleros del lugar
y tener como referencia a la decana de los fogones que rezuman sabor
y aroma al pie del Castillo del Cid. El esfuerzo tiene siempre su recompensa.
Ahora, la familia del Hostal – Restaurante “El Castillo” celebra sus
Bodas de Oro con la hostelería. Un cincuenta aniversario del
que quieren hacer partícipes a sus clientes y amigos. En definitiva,
a todos los que de una u otra manera han compartido las glorias y dificultades
de un oficio que sabe de sacrificio y dedicación.
Los arcos de ladrillo y piedra que decoran la fachada de este establecimiento parecen no inmutarse. Dentro de la casa, el ritmo es frenético y predomina el buen hacer y la atención al cliente. Ese toque personal que convierte un salón en un cálido y acogedor restaurante que invita a volver es lo que diferencia un negocio cualquiera de aquel que cumple 50 años con sus puertas abiertas, funcionando a pleno rendimiento y con motivos para sentirse orgulloso. En un rincón
del comedor, un tanto escondidos, distintos galardones entre los que
se encuentran Platos de Oro, una Placa de Bronce, la Medalla y el Collar
Gastronómico Internacional, el Trofeo Expresión Gastronómica,
la C de Comercial recogida en el Meliá Castilla de Madrid o el
Premio al Restaurante Rural de Castilla-La Mancha en 2008. Así
desde los años 80 hasta hoy, una colección de numerosos
reconocimientos nacionales y otros llegados de rincones como Río
De Janeiro, México, Tenerife, Puerto Rico o París en los
que “El Castillo” se ha convertido en el embajador de la gastronomía
jadraqueña más allá de nuestras fronteras se hacen
un hueco en sus sólidas paredes. Una inmensa fotografía que decora el bar recuerda como era el antiguo edificio solariego en el que en 1960, Elvira Navarro y Justo Gregorio decidieron abrir su propia fonda, aprovechando la experiencia que habían acumulado al ser ella hija de posaderos. Las seis habitaciones del edificio de las afueras en las que se ofrecía a los huéspedes cama limpia, agua y palangana para asearse y el salón con escasamente 30 cubiertos y buena comida casera son hoy 27 plazas de confortable alojamiento con todas las comodidades propias de los nuevos tiempos. El comedor tiene ahora capacidad para más de 200 comensales y el salón de celebraciones es capaz de acoger 400 almas deseosas de comprobar el buen yantar del que hace gala el nombre de la familia. En estos cincuenta años, los terrenos de cultivo de poniente se han convertido en una agradable terraza de verano; los antiguos corrales, en pista de baile y terraza de tertulia y copas, con aparcamiento incluido. Hace medio siglo, los hosteleros de "El Castillo" no tenían ayuda. El matrimonio de Elvira y Justo se encargaba de atender la fonda, con turnos de sol a sol con los que sacar adelante a sus cuatro hijos. En la actualidad, Elvira Navarro sigue ofreciendo sabios consejos a las 19 personas que trabajan habitualmente en “El Castillo”, incluidos los cónyuges de sus hijos que llevan toda la vida, y a los otros muchos que echan una mano en circunstancias especiales; supervisa de cerca el día a día y la buena marcha del restaurante, las tareas del hostal y el jaleo de la cafetería que fundó en el centro del pueblo hace casi ya otros 20 años. Elvira Navarro confía celosa los secretos de los fogones a los que ha dedicado su vida a los suyos. Con el paso del tiempo, el pequeño horno que encendió un 10 de septiembre de hace cinco décadas se ha multiplicado por tres sin peder ni un ápice del sabor tradicional con que la lumbre y la leña impregnan los asados en cazuela de barro. Los humildes guisos de ayer son hoy casi 60 platos que combinan la cocina tradicional castellana con los asados, las carnes rojas y la caza; pescados para quien los prefiera y hasta 30 postres artesanos. El menú se riega con una cuidada carta de vinos entre los que las denominaciones de origen de todo el país conviven con los espumosos y vinos de la tierra. El trato
amable, la buena mesa y, en definitiva, la calidad y el mimo en todo
lo que hace y promueve esta casa es parte del secreto de su éxito.
Es seguro que los premios y galardones seguirán llegando, pero
la familia Gregorio Navarro quiere dedicar a su madre y a su pueblo
el 50º Aniversario de una empresa que tiene en su plantilla y clientes
su mejor activo. La cita para compartir la celebración de las
Bodas de Oro del restaurante “El Castillo” con la hostelería
es el 10 de septiembre a partir de las ocho y media de la tarde. Como
siempre, quien se acerque a esta casa, será bien recibido.
Doña Elvira Navarro Sanz peina canas y a sus 86 años sigue con paso firme y muy al tanto lo que se cuece en su cocina. El respeto y la educación en el trato cercano al cliente han sido siempre sus señas de identidad. “Si doy bien de comer en mi casa y les recibo con cariño, los huéspedes vuelven”, asegura a sus amigos en las escasas tertulias a las que dedica los pocos ratos que aún hoy le quedan libres. Mujer valiente, de firmes convicciones y trabajadora hasta la extenuación son los méritos que han encallado sus manos y que hoy van más allá de lo que se considera una mujer emprendedora del siglo XXI. Elvira
Navarro luchó primero junto a sus padres y después, en
solitario, con su marido e hijos por lo que dejó de ser un sueño:
un negocio del que vivir y con el que garantizar el futuro a sus nietos.
Ella, cincuenta años después, lo ha conseguido. Sabe lo
que es comenzar, hacer que funcione un negocio de hostelería
en un pequeño pueblo con todas las peculiaridades de la cultura
castellana y seguir pensando con ilusión en el futuro. Es, en
definitiva, una luchadora nata que no se permite el lujo de defraudar
a los que la quieren. |
| Ayuntamiento
de Jadraque |