El
nombre de Jadraque, deriva del árabe CHADARAQUE, que significa Campo Verde y así
lo citan las crónicas a partir del
año 801, este nombre evolucionó hacia Xadaraq, Xadrac, Xadraque. Según la
Real Academia de la Lengua, significa señorío.
Podemos
afirmar, que hubo un Jadraque romano,
que según Ptolomeo se llamaría Varada, ciudad murada, ya que se encontraron
vestigios (monedas de la época del emperador Augusto en las que se puede leerse
la siguiente inscripción: Divi, Pater, Patria) de un asentamiento romano en el
paraje de “la Concha”, a unos dos kilómetros del actual pueblo, además a
lo largo del valle del Henares transcurría la calzada que unía Emérita (Mérida)
y Caesar Augusta (Zaragoza), así que podría ser una guarnición de soldados de
los que situaban para vigilar las calzadas.
En
el siglo VIII, Tarik y Muza conquistan las tres cuartas partes de la península,
incluida Jadraque. Se tiene constancia, en esta época, de la existencia
de una torre vigía islámica,
antecesora del Castillo.
Según
algunos investigadores, el Castejón que se menciona en el Poema del Mío
Cid sería en realidad esta villa. Ello
es lógico si se considera su privilegiada situación, dominando realmente
el valle del henares, lo mismo que hacían las fortalezas de Guadalajara,
Hita y Sigüenza; y también por la existencia de la creencia popular, de
las gentes de Jadraque y los alrededores, de que este castillo es el
mencionado en dicho poema.
En
el año 1119 esta fechado el primer documento escrito referente a
jadraque, en el que se le denomina Castejón de Ayuso, es decir, de Abajo.
Esta misma denominación la encontramos también en documentos
relativamente modernos,
En
1146, Alfonso VIII lo vende al concejo de Atienza.
Tras la reconquista del lugar, sólo formado por escasas viviendas
y el fuerte castro del altivo cerro, se constituyó Jadraque en aldea
repoblada del amplio común de Villa y Tierra de Atienza, usando sus
fueros y sus pastos comunales.
Su crecimiento debió ser rápido y notable a lo largo de la Edad
Media, favorecido por el enclave cercano y vigilante del río, junto al
camino real hacia Aragón.
Dentro
del antiguo territorio de Atienza, formó una especie de comarca aparte,
lo que se llamó “tierra de Jadraque”.
Se sucedieron los pelitos con objeto de independizarse de la tutela
y jurisdicción de los atencinos.
En
1198, se crea el pontificado de Jadraque.
En
el siglo XIV, aparece en una relación eclesial, con el nombre de Xidrac.
A
comienzos del siglo XV consiguieron que, de algún modo, se reconociera
esa identidad propia del Común jadraqueño. En 1434, Juan II decide
separar Jadraque de las tierras de Atienza y crea un nuevo señorío
entregándoselo como dote a Dª María
de Castilla, nieta de Pedro I el Cruel y Gómez Carrillo camarero
del Rey,
Este
nuevo señorio estaba compuesto por dos sexmas, la de Bornoba y la del
Henares y 49 lugares (Saelices, Carrascosa, Membrillera, S.Andrés,
Semillas, Robredarcas, La Nava, El Arroyo, Las Navas, El Ordial, Bustares,
Gascueña, Villares, Zarzuela, Hiendelaencina, Robledo, La Bodera,
Palmaces, Torremocha). Aparte
del señorío jurisdiccional creado por estos nobles, Jadraque pudo regir,
a través de su Concejo, otros muchos aspectos, entre ellos la distribución
de pastos, sobre un ámplio territorio situado en las estribaciones
meridionales de la serranía atencina.
La
creación de la tierra de Jadraque dentro de la de Atienza originó entre
ambas graves disgustos y largos y penosos pleitos, porque no estaba bien
definida la jurisdicción de ambas, a quieres importaba mucho mantener sus
respectivos derechos en lo tocante a leñas y pastos, tributos, peajes,
etc.
En
1469, el hijo de ambos, D.Alfonso Carrillo de Acuña, permuta el señorío
de Jadraque al Cardenal González de Mendoza, obispo de Sigüenza y más
tarde canciller del estado unificado de los Reyes Católicos, por la villa
toledana de Maqueda y su castillo.
El
Cardenal Mendoza dejó el territorio jadraqueño, integrado en abultado y
riquísimo mayorazgo, a su hijo Rodrigo, a quién llamó, por estar en la
creencia de descender en linera directa del Cid Campeador, Rodrigo de
Vivar y Mendoza. Este recibió,
por su bravura y destacada actuación en la guerra de la reconquista de
Granada, el título de Marques de Zenete, y en ocasión de su boda con Dª
Leonor de la Cerda, hija del Duque de Medinaceli, fue mejorado en el
titulo de conde del Cid.
Tres
señoras tuvo Jadraque que vivieron en sus tierras y gobernaron el señorío
desde ellas, Doña Leonor de la Cerda, Doña María de Fonseca y Doña
Mencia de Mendoza, Condesa de Nassau y Duquesa de Calabria.
A
la muerte de ésta última, en el siglo XVI, hereda el señorío su
hermana Doña María de Mendoza, que se casa con el Duque del Infantado,
quedando el señorío, incluido en la Casa del Infantado hasta el siglo
XIX, con la disolución de los señoríos.
Capital
de amplia aunque pobre comarca, todavía muchos pueblos de la serranía de
Guadalajara llevan el apellido “de jadraque”.
Ello condicionó, a partir del siglo XV, su consistencia como
centro administrativo, burgo comercial y artesanal, e incluso núcleo señorial
y militar. Florecieron las
letras y se cultivaron las artes. Un
denso núcleo de hidalgos se asentó en Jadraque, amparados de los
Mendozas, y junto a la importante vía de comunicación entre Castilla y
Aragón.
Existía
en 1580, un hospital, el de Santiago, para pobres transeúntes, y según
“las relaciones topográficas del Felipe II”, era un hospital dotado y
en el se decían cada semana dos misas, en la capilla de Pedro Blas había
limosnas y misas para casamientos, estudiantes y otras obras pías, etc.
A
mediados del XVII, la peste produjo numerosas víctimas y un gran pánico
a consecuencia de lo desconocido y la falta de soluciones.
En
1703, el Duque de Berwick acampa con 15.000 hombres
En
1706, por el mes de Agosto, Felipe V tuvo que abandonar la corte empujado
por el ejército portugués, se acogió a Guadalajara, de dónde se retiró
a Sopetrán, y por último a Jadraque, y allí, con tropas procedentes de
Francia, juntó un ejército de 9000 jinetes y 12000 infantes.
No conociendo esto los portugueses, intentaron desalojarlas de
Jadraque; pero como se mantuviesen firmes demostrando que al valor unía
el número, el conde de la Corzana, partidario del Archiduque, avisó al
os generales de éste para que avanzase todo el ejército aliado, y entre
tanto una columna inglesa y otra portuguesa bajaron las cuestas que rodean
al pueblo y entraron en él porque acababan de abandonarlo las tropas borbónicas,
así como los vecinos amparándose todos de un motecillo que servía de
defensa del hondo cauce del Henares.
Sabedor
de esto Felipe V, que estaba en Atienza, acudió animoso y se puso otra
vez en Sopetrán, a retaguardia de su enemigo y esperando en este valle dónde
podía pelear con ventaja su poderosa caballería.
Acudió también a los suyos el
Archiduque con 3000 hombres de refuerzo y el rey se retiró a Alcalá,
siguiendo a distancia el pretendiente, con lo que quedó libre Jadraque de
la presencia del enemigo no sin sufrir graves daños que D. Felipe quiso
enmendar después (Real Cédula de Felipe V, dónde remite y perdona todo
lo que el pueblo debía de rentas reales como de millones hasta 1706, y
dos años mas de contribuciones hasta 1708).
En
1710, los jadraqueños intervienen en la batalla de Villaviciosa, siendo
condecorado por su valor.
Durante
la guerra de la Independencia, Jadraque fue punto céntrico para las
operaciones sobre los pueblos principales de la provincia, Guadalajara,
Brihuega, Sigüenza, Tamajón y Cogolludo, por lo que el trasiego de las
tropas era frecuente y continuas las ocasiones de sufrir la barbarie del
enemigo, siempre cruel y vengador.
Muchos vecinos, leales a la causa de la patria, padecieron
persecuciones intolerables, y otros buscaron refugio en las sierras
lejanas, o en las grutas y montes de la comarca.
Jadraque se distinguió por su patriotismo que no quebrantaron ni
las amenazas ni los castigos.
En
el principio de la guerra, al saberse en Jadraque que el ejército español
había sido dotado en Tudela y Cascante, noticia que confirmaron las
tropas derrotadas al entrar en la villa el 23 de Noviembre de 1808, el 5
de Diciembre dispuso el cabildo salvar el archivo parroquial escondiéndolo
en un sepulcro del lado izquierdo de la capilla de S. Pedro, debajo de la
ventana.
El
25 de Noviembre de 1811, el general francés Riomilanos apresó y condujo
a Brihuega a todos los sacerdotes y varios vecinos, acusados de fidelidad
a la patria y ala rey.
En
el archivo municipal existen varias comunicaciones que prueban la
animosidad de los franceses hacía el pueblo.
Una de ellas dice así:
“Cuando
ese inobediente pueblo haya pagado en la tesorería en Guadalajara y
almacenes sesenta mil reales von, y seiscientas fanegas de trigo, serán
puestos en libertad los rehenes que conducimos con nosotros, y este pueblo
será mirado con conmiseración cuando acredite su obediencia.
De lo contrario haré conocer a este pueblo todos los rigores de la
guerra. Dios etc..
Jadraque, 16 de Enero de 1813. El general gobernador de la
provincia, Virrey”.
En
1810, aparece en Jadraque el guerrillero Juan Martín “El Empecinado”,
quién camino de Cogolludo sufre un intento de envenenamiento, por un
traidor, y permanece por aquí hasta 1813.
Durante este tiempo lleva a cabo una serie de acciones heroicas,
libera prisioneros, roba alimentos y provisiones a los franceses que se
habían instalado en el Convento de los Capuchinos utilizándolo como
cuartel.
En
1823, acampan los “Cien mil hijos de San Luis”, tropas francesas que
después de la guerra de la Independencia ayudan al régimen liberal de
Argüelles y Martínez de la Rosa, contra Fernando VII que intenta
reinstaurar el régimen absolutista.
A
mediados de XIX, la villa se convierte en un importante centro liberal.
En
1836, llega a Jadraque, el General carlista Gómez, que hizo prisionera a
la brigada de la reina, compuesta de dos batallones de guardia, 25
caballos y dos piezas de artillería y desde Jadraque se dirigió al
general Cabrera y otros caudillos aragoneses y valencianos proponiendo que
unieran sus fuerzas para atacar Madrid.
A
finales del XIX, llega el ferrocarril, obtuvo estación de parada y esto
le hizo nuevamente crecer y despuntar comercialmente, este echo ayuda a
que penetre el progreso y la cultura rompiendo el aislamiento en que se
vivía hasta entonces, y ayudando a transformar el entramado social de
Jadraque que de agrícola pasó a convertirse en comercial; manteniendo
discretamente su tono, en este sentido, hasta hoy mismo.
En
1900, un notario masón y liberal crea la “Sociedad la Benéfica”,
cuya labor continuó hasta el comienzo de la guerra civil en 1936.
En
1953, la fundación Perlado Verdugo, crea el Convento de las Monjas
Ursulinas, que fue clausurado, por falta de vocaciones, en 1978.
En
1991, se comienza a construir el polígono industrial de Jadraque.
Actualmente,
es también núcleo turístico, logrado por sus especialidades gastronómicas
del “cabrito jadraque” al horno, único por su sabor en toda la
provincia.


Personajes
Históricos
Jadraque
cuenta entre sus biografías más ilustres la de grandes personajes, como Fray
Pedro de Urraca, cristianizador del Perú, nacido en Jadraque y cuya cruz se
venera en la catedral limeña. De él quedan un retrato al óleo en la sacristía
de la Iglesia de San Juan Bautista y su biografía, redactada por Fray Felipe
Colombo, cronista general de la Orden, después de su muerte en 1668.
En
1657 nace en la villa José Gutiérrez de Luna “ El Indiano” que marchó muy
joven a América donde se enriqueció y al regresar fundó la Obra del Santísimo
Sacramento dedicada a la beneficencia y al culto eucarístico.
En
el siglo XVII también se descubre la figura de Don Diego Gutiérrez Coronel,
historiador y genealogista, que estudió con profusión la casa de los Mendoza.
En
1810 aparece en Jadraque Juan Martín “El Empecinado” llevando a cabo
heroicas acciones hasta 1813.
A
mediados del siglo XIX, Jadraque se convierte en un importante centro liberal, y
a finales de siglo llega el ferrocarril.
En Jadraque también nació Matías Paceño, el primer médico español
que experimentó con éxito la vacuna antivariolica y José Antonio Ochaíta,
celebre poeta e importante cronista provincial contemporáneo, al que frente a
la Iglesia de San Juan Bautista se conmemora en un busto en bronce del escultor
Navarro Santafé.
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