El
Castillo del Cid
Al
entrar a Jadraque lo primero que encontramos es el “Castillo del
Cid”. El
llamado Castillo del Cid se alza a casi 1000 m. sobre el nivel del mar,
siendo visible desde muchos puntos de la comarca. Se sitúa dentro de la
veda del río Henares, a la que domina desde tan imponente posición. SU
HISTORIA: En
este cerro que Ortega y Gasset llamó el “más perfecto del
mundo”, hay constancia de varias construcciones anteriores a la que
vemos actualmente.
En primer lugar se habla de que existió una torre de
vigilancia islámica, con un gran albacar, en la cumbre del cerro, que
sería edificada a finales del s.VIII.
Se dice en alguna
crónica árabe que Yusuf, wali de Toledo e
hijo Al-Hakam I, fue recluido en la “fortaleza de
Charadaraque” tras una revuelta en Toledo hacia 801.
Posteriormente está
constatada la reforma de esta construcción en el primer tercio
del s.X.
Tras la “reconquista” de Toledo por Alfonso VI en 1085, el
castillo pasó a manos castellanas. A principios del s.XII, con
seguridad se comenzó a derribar la primitiva torre para levantar un
castillo mas grande y dedicado a defender la frontera, que será la
base del castillo-palacio del c.XV. Se
dice, que don Rodrigo Díaz de Vivar, el conocido Cid, fue quien
conquistó por primera vez el castillo a los musulmanes. Dice la
leyenda, que el mio Cid al salir hacia su exilio desde el monasterio
de Cárdena (Burgos), cruzó la frontera con el reino taifa de Toledo
por la sierra de Miedes, encontrándose con el castillo de Jadraque,
que se denominó por los castellanos Casteion, donde tuvo lugar el
conocido episodio. Muchos
dicen, que el nombre de Castillo del Cid se debe a que su cuarto dueño
fue Rodrigo de Vivar y Mendoza, conde del Cid y marqués de Cenete.
Pero hay que apuntar que, su padre, el Cardenal Pedro González
de Mendoza, compro este castillo por su conocido afán por entroncarse
en el linaje cidiano.
De ahí que adquiriese este castillo en un lugar tan inhóspito,
así como que a su hijo primogénito le llamó Rodrigo de Vivar, en
honor a su supuesto antepasado. En
1434 Juan II escinde de la Tierra de Atienza los sexmos del Bornoba y
del Henares como dote para Doña María, nieta de Pedro I, que iba a
contraer matrimonio con Gómez Carrillo de Acuña, camarero del rey.
Dentro de este lote estaba la fortaleza de Jadraque, entre
otras aldeas y despoblados.
Al poco Alonso Carrillo de Acuña guarda mayor de Enrique IV,
heredó toda la tierra de Jadraque, que en pocos años lo dilapidó.
En 1469 permuta la villa de Jadraque y su castillo, por la
villa de Maqueda (Toledo) con Pedro González de Mendoza, por entonces
Obispo de Sigüenza. En 1471 comienza su restauración, que fue bastante amplia, ya que el castillo fue prácticamente rehecho, siendo ensanchado, creando la edificación que vemos en la actualidad. Las obras acabaron en 1488,siendo inaugurada con gran pompa y boato, acudiendo a la misma los mismo Reyes Católicos. En 1492 Rodrigo de Vivar y Mendoza, hijo reconocido del Cardenal, se casó con Leonor de la Cerda, hija de los Duques de Medinaceli. El mismo día del enlace, los Reyes Católicos nombraron a Rodrigo Marqués de Cenete y conde del Cid, e igualmente, su padre le regaló el recién restaurado castillo del Cid como residencia.
Pocos
años después, Leonor de la Cerda murió (8 de abril de 1497) apenada
por la muerte de su hijo a los pocos meses de su nacimiento y margada
por las veleidades de su esposo. Don Rodrigo viajó a Italia, donde se
distinguió como buen guerrero al igual que como un gran mujeriego. A
su vuelta a Castilla, se enamoró de María de Fonseca, y aunque su
amor era correspondido recibe una rotunda negativa por parte del padre
de Dª María, ya que D. Alfonso y su hermano habían decidido casar a
sus primogénitos con el fin de solucionar un problema de herencia.
Una noche D. Rodrigo y unos amigos penetran en la casona de los
Fonseca y llegan, gracias a la
complicidad de un criado, hasta la habitación de Dª María
donde esta y su madre esperaban impacientes, y allí pasan formalizar
el contrato de esponsales, se casó en secreto en 1504.
Esto no gustó a los Fonseca, y tratan a toda prisa de llevar a
cabo el matrimonio de sus hijos. Sin embargo topan con la negativa de
madre e hija.
Los Fonseca, acuden encolerizados a la reina Isabel pidiendo
justicia, y ésta, que no pasaba porque D. Rodrigo se casara sin real
licencia, manda
que fuera encerrado en el castillo de Cabezón, siendo liberado
en noviembre de 1504. D. Alfonso, una vez agotados los medios
persuasivos, encierra a su mujer y a su hija en torres separadas en la
fortaleza de Alaejos.
Para vencer la tenacidad de ambas les notifica la muerte del
Marqués de Zenete, y Dª María accede a casarse con su primo. Pero
cuando se entera de que su verdadero esposo sigue aún con vida,
escribe una carta al Cardenal Cisneros contándole el atropello
sufrido.
A la Muerte de la reina, Felipe “El Hermoso”, pone en
libertad a D.Rodrigo y, este junto con unos amigos, consigue rescatar
a Dª María del convento, donde estaba recluida ,
Tras quedar zanjado, los dos volvieron al castillo de Jadraque,
residencia del Marqués, donde fueron casados de nuevo, en la Ermita
de la Virgen de Castejòn en Jadraque
en 1506.
De este matrimonio nació en este castillo Doña Mencia de
Mendoza, Condesa de Nassau y Duquesa de Calabria, en 1508, que tuvo
gran vinculación con la villa de Jadraque, ya que fue la heredera del
señorío cuando murió su padre en 1521.
Cuando enviudó en 1533, vino a vivir al castillo del Cid
largas temporadas hasta su muerte en 1554.
Al
morir Doña Mencia, sin haber tenido descendencia, el señorío del
Cid fue a pasar a su hermana María, casada con don Diego Hurtado de
Mendoza.
Desde este momento y hasta 1889, el castillo perteneció a la
casa del Infantado. Por
su situación en el camino real a Aragón, fue lugar de descanso de
reyes y personajes que pasaron por el pueblo de camino entre Francia
y la Corte Hispánica: los Reyes Católicos, Carlos I de España,
Isabel de Valois y Felipe II, Felipe IV. Felipe V. En
1502, el rey católico, escribe una carta al duque del infantado, dándole
las gracias por ofrecerle sus servicios y rentas y luego explica lo
bien que se sintió después de pasar y pernoctar en el castillo. En
1560, se alojó en el castillo Isabel de Valois, hija de los reyes de
Francia, que venía a reunirse con su esposo, el rey Felipe II, con el
que se había casado por poderes en la catedral de París. En
1603, se vió entrar en este castillo una singular comitiva de frailes
franciscanos, arropada por fuerte escolta militar, portando desde
Atienza las Santas Espinas, para obtener el milagro de curar la grave
enfermedad que tenía, aquí postrado, el entonces príncipe y más
tarde rey, Felipe IV. Durante
la guerra de Sucesión (1700-1714) la villa y el castillo de Jadraque
sufrieron mucho, ahondando en su ruina.
Las tropas del archiduque Carlos de Austria saquearían la
villa, profanarían la iglesia y maltratarían al viejo castillo.
Otro episodio se dio durante la guerra de Independencia
(1808-1812), cuando el castillo sufrió grandes depredaciones por
parte de los franceses, que instalaron en
Jadraque su centro de operaciones regional.
En este momento en el castillo ya sería inhabitable.. También
sufrió la Guerra Civil española (1936-1939) y con el abandono
secular, le hicieron casi desaparecer del paisaje. En
1889, Don Mariano Girón, duque de Osuna, y del Infantado, vendió las
ruinas del castillo de Jadraque, al Ayuntamiento del lugar por medio
de subasta que fue anunciada en los periódicos de la época bajo la
suma de 300 ptas., se celebró el día 4 de Noviembre de 1898, simultáneamente
en Jadraque y Guadalajara, en la que el secretario del pueblo de
Jadraque, compareciente en dicho La
segunda y última reconstrucción, hasta el momento, se realizó en
1982 ya que su estado de conservación era alarmante, pudiendo
apreciar en sus muros, en los que habían desaparecido gran cantidad
de sillares, hasta una altura de dos metros, con el consiguiente
peligro de desprendimiento de los superiores.
El proyecto de reconstrucción se redacta por encargo de la
dirección del Patrimonio Artístico, teniendo por objeto obras de
restauración en el Castillo, siendo estas necesarias para su
reconstrucción.
El proyecto para estas obras es escaso, por lo que se establece
un orden de prioridades; así las obras a realizar se pueden englobar
en dos apartados:
1. - Saneamiento y consolidación de almenas 2. - Reparación
de murallas.
Se clasificaron como obras de conservación y tenían un
presupuesto de cinco millones de pesetas.
Las reformas se realizaron durante 150 días, estableciéndose
un plazo de garantía de una año.
El total del presupuesto fue 5.637.709,24 ptas. Al final de la
reconstrucción se instaló en toda parte Norte y mitad de Este, unos
focos para iluminar el Castillo. En el año 1998, se arregló el
acceso al castillo, siendo su ejecución en piedra cuidando
exquisitamente no dañar el entorno de nuestro maravilloso castillo
que fue subvencionado por el INEN el coste de mano de obra y por el
ayuntamiento el coste de los materiales. SU
FISONOMÍA: La
construcción ocupa toda la meseta del cerro, midiendo 18 m. En su
parte más ancha y 113 m. De longitud total.
Los muros están hechos a dos lienzos, con su caras exteriores
bien cuadradas y cuyo interior se llena de piedra menuda y de
argamasa. En
primer lugar está la entrada, que da paso al patio de izquierda, en
ángulo reentrante, junto a la única torre cuadrada de todo el
complejo.
A la derecha habría un cubo semicircular.
Para entrar al propio castillo, hay que subir un pequeño
desnivel, para llegar a la puerta de entrada. Después
se entra en lo que es propiamente el complejo palaciego que construyó
el Cardenal Mendoza.
En primer lugar habría un pequeño patio con un aljibe.
A continuación se entraría en el patio central, con grandes
similitudes al patio del Castillo de la Calahorra, en Granada. Junto
al antiguo
patio, se abre un hueco hacia la escalera que da acceso al adarve.
Las torres circulares o cubos fueron
construidos para soportar descargas de la artillería que se
usaba en la época, si bien no son tan fuertes como en otros castillos
de la época. Exteriormente
se sitúa la muralla exterior, falsa braga o barbacana, que va
describiendo la misma forma del castillo en su mayor parte.
En la actualidad sólo quedan algunos atisbos de ella, aunque se
intuye que gran parte esta enterrada. |
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